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09 agosto 2013

Haven...capitulo 1



siiiiiii! ya tenemos el primer fanfic........ 
es escrito por una amiga mía y me dejo compartir esta increíble historia......llena de romance y misterio :



Haven
Por: RZTejada

           Sinopsis:
Mi nombre es Haven.
Tuve un pasado muy trágico. Un pasado del que no me gusta hablar, y que sin embargo me persigue sin descanso. Imagínense que puede pasar cuando me entero de que hay personas... especiales. Y cuando digo especiales, me refiero a personas "Inmortales". ¿Una adolescente problemática como yo, que descubre la existencia de estas criaturas? Esta para morirse, ¿no? Adéntrate a este mundo, del que sin duda jamás habías escuchado. Está lleno de amor, odio, acción, venganza, sorpresas, encuentros inesperados... Y por supuesto... SANGRE.






Capítulo 1

"Querido Sterling:
Cuando dejé de creer en al amor, y pensé que nunca mas tocaría en las puertas de mi corazón..."
Ocurra lo que ocurra, aun en el día más borrascoso, las horas y el tiempo pasan. -Shakespeare.

12 de agosto del 2013, 5:30 A.m.
Lunes, lunes, lunes... Cuanto los odiaba. Era el inicio de un nuevo año escolar en Lucton School. Un internado ubicado en Inglaterra, Hertfordshire. Era moderno y al mismo tiempo tenebroso. No se como explicarlo mejor, pero el punto es que el internado no me gusta para nada.
Me llamo Haven Wilson y tengo 17 años. La misma edad que tenía mi madre cuando me tuvo. No fue fácil para ella mantenerme mientras estudiaba y trabajaba al mismo tiempo. Pero ahora tiene treinta y cuatro años, y esta comprometida con John. Un futbolista británico, famoso y muy atractivo.
Vivimos en Oxford, un lugar total y completamente hermoso. Nunca me canso de mirar el entorno. Las calles, los edificios, los parques... para mi todo seguía siendo nuevo como el primer día en que me mude aquí.
Camino hacia la ventana y miro el exterior. Al parecer, hoy lloverá un poco.
Miro el reloj de la mesita de noche y al ver la hora bajo a la cocina para hacerme el desayuno. Era muy temprano, pero no tenia ganas de dormirme otra vez, así que lo mejor seria distraerme un poco. ¿Y que mejor distracción que la comida?
Estoy sentada en la mesa de la cocina comiendo varias tostadas cuando escucho unos pasos descender de la escalera.
—Buenos días, cielo.— saluda mi madre a mis espaldas. La miro sobre mi hombro para dedicarle una rápida sonrisa y luego vuelvo mi atención al desayuno.
Tenía puesta su pijama verde oliva de embarazada. Este mes cumplió seis meses y por ahora todo iba bien. Nada nauseas, hinchazones de pies, ni mareos. Según ella, ese embarazo era sin duda el mas fácil del mundo. —¿Qué haces levantada tan temprano?
—Estoy nerviosa.— declaro antes de darle un mordisco a una tostada.
Ella ríe y va hacia la encimera para coger una caja de galletas. —Siempre te he dicho que...
—Lo sé.— La interrumpo brusca y secamente. Ella me contempla por unos minutos antes de sentarse a mi lado. Me mira con ojos entrecerrados y luego desvía la vista hasta sus manos entrelazadas. La fortaleza no era uno de sus valores. Ella siempre se sentía insegura y se preguntaba constantemente si estaba bien la manera en que me educaba. Nunca me había dicho eso, pero fueron varias las veces que la escuche hablar con John acerca del tema.
—Eres muy talentosa.
—Aja.— pongo los ojos en blanco sabiendo que por ahí venía aquel discurso en el que decía que era una niña muy especial, una flor... bla, bla, bla.
—Lo digo en serio, Haven. Eres una flor preciosa la cual me gustaría ver crecer. Lo que pasa es que estas enterrada en tu capullo y no quieres salir por ti misma. Pero ya lo veras, tarde o temprano saldrás y te darás cuenta de lo importante que eres.-—nos quedamos en silencio unos minutos.
¿De donde salió el tema? ¿Que tiene esto que ver con mis nervios? Comienzo a pensar en una decente respuesta, que no la hiriera y no nos hiciera discutir hasta el punto de enojarnos.
Ella hacia su propio desayuno cuando por fin decidí hablar. —Puede ser que pase.— hice una pausa y ella me observa sobre su hombro. Le lanzo una corta mirada y me encojo de hombros haciéndole creer que no me importaba. —Pero puede ser que no.— me paro de la silla dejando los trastes en la mesa. Me dirigía hacia las escaleras dispuesta a subir a mi habitación cuando unos fuertes brazos me rodearon la cintura y me hicieron dar media vuelta.
—¡¡Haven!! — grita John cerca de mi oído en tono alegre. Hice una mueca. El me agarra la cara con ambas manos y rosa sus labios contra los míos.
—No vuelvas a hacer eso.— digo con voz chillona forcejando contra el. Mi mamá explota de la risa como hacía cada vez que el y yo peleábamos, porque (por alguna extraña razón) eso la hacía pensar en los muñequitos animados de la tele. —Odio que me beses en la boca y lo sabes.
—Bueno... podemos hacer una tregua.— me cruzo de brazos fingiendo estar enojada. —Dejo de besarte si prometes no humillarme delante de las personas llamándome Johnny Popote.
Esbozo una gran sonrisa —Pero es un nombre muy lindo. Johnny Po... ¡Ahh!— grito al ver que se abalanzaba hacía mi. Corro lo más rápido que puedo por las escaleras para evitar que el me vuelva a besar. Cuando entro a mi habitación, (a mi fortaleza que me resguarda de horribles personas como John) empiezo a cambiarme de ropa. Escogí lo primero que vi en el armario, unos jeans oscuros, camisa de cuadros negros y blancos, y tenis converse negros. Reviso mis maletas por si acaso no dejaba nada esencial y descubro que sí: ¡Mis libros!
Cuando empaco unos cuantos que aun no había leído, camino hacia el garaje con las maletas en las manos y le grito a mi madre: —¡¡Estoy lista!!
—¡Diez minutos, cielo! — me responde. Esbozo una sonrisa y voy directamente hacia el auto de John.
¡Madres! Si te dicen diez minutos, es que tardaran media hora.
Salgo al exterior de la casa y me paro frente a ella mirando el balcón de mi habitación.
Suspiro.
Otro año alejada de casa. Eso era lo peor de todo.
*****
Elise, mi madre, trataba de convencerme de que este semestre iba a ser el mejor de todos. Y en lo único que podía pensar era si en verdad sería el mejor de todos... o el peor. Sacudo la cabeza queriendo sacar aquel pensamiento. Tenía que ser positiva... O por lo menos intentarlo.
Miro a mi alrededor buscando con qué distraerme, pero todo era lo mismo de siempre. Nada había cambiado. El vestíbulo estaba lleno de risas, lágrimas y caras de miedo. No era necesario, para mi, observar el entorno.
—No veo ningún rostro nuevo por aquí.— dice mi madre y yo volteo el rostro para mirarla. Le sonrío mientras muevo una de mis piernas constantemente haciendo evidente que estaba nerviosa. No podía evitarlo. Siempre me ponía así cada vez que venía al internado.
Elise observa mi rostro fijamente con ojos brillantes y aguados. Miro hacia ambos lados detrás de mí tratando de buscar a otra persona a la que haya estado observando de esa manera que no sea yo. Pero no había nadie a excepción de la recepcionista. Y claro, la recepcionista no es tan importante para mi mamá como para hacerla llorar.
—Has crecido tan rápido... 
"¡Ay, no!" Pienso. "Allá vamos otra vez."
—Recuerdo, como si hubiera sido ayer, el día en que te tuve entre mis brazos...— ella rompe a llorar y yo la miro desesperada, sin saber que hacer.
—Oh, Dios... — murmuro más que avergonzada. Alargo una mano, vacilante, y acaricio la espalda de mi madre frotándola de abajo hacia arriba.
Esa escena era muy embarazosa, tomando en cuenta que muchas personas nos miraban. Paso mi mano libre por el cabello sin tener la menor idea de que hacer o que decir.
—No te pongas así... mamá. Estaré bien.— ella se sorbe la nariz y seca sus lágrimas con ambas palmas de la mano. Al ver mi expresión seria da dos pasos hacia atrás y se disculpa.
—Lo siento, cielo. Las hormonas me tienen muy mal.
"Oh, si. Las famosos hormonas." pienso y dibujo en mi rostro una sonrisa forzada.
—No importa. — le digo para hacerla sentir mejor.
Cuando llega el tiempo de marcharse, Elise se para en seco frente a las escaleras de piedra. Sigo el curso de su mirada para encontrarme con tres rostros desconocidos. Cambio de postura para observarlos mejor.
Era la primera vez en dos años que entraban personas nuevas. Un par de chicas a nuestra derecha también miraban con atención a los nuevos estudiantes y se cotilleaban entre sí lanzándose risitas nerviosas, lo cual resultaba ser insoportable para mi.
Mientras los tres terminan de subir la escaleras hago creer que miro mis uñas. Vuelvo a mirarlos cuando ellos pasan por mi lado. Trato de grabar en mi mente cada detalle físico de los tres.
Si bien eran muy bonitos, mi mente me decía que había algo mas que solo yo podía captar. Comienzo a repasarlos sin hacer el mínimo intento de disimular.
El cabello de la chica era largo y le caía en cascada hasta la espalda. Era largo y sedoso, de color castaño oscuro y algunas mechas doradas. Ella caminaba con gracia y seguridad. Llevaba un jersey blanco y unos pantalones Seven acompañados de unas botas negras sin tacón. Llevaba en la mano un bolso de viaje Miu Miu que hacia juego con sus botas.
"Muy elegante." pienso.
El segundo era un poco más suave. De rasgos perfectamente definidos, mandíbula cuadrada y ojos verdes. Su rostro estaba levemente sonrojado y supuse que se debía al gran esfuerzo que hacía por tratar de llevar dos maletas de buen tamaño. Llevaba un abrigo de terciopelo negro, unos vaqueros y tenis Nike. No había ninguna pista de anillos en los dedos, piercings, ni nada por el estilo. Y a decir verdad, el no parecía un estudiante de secundaria. Mas bien, parecía un universitario.
"Muy sencillo." digo en mi mente.
El tercero parecía un modelo. Llevaba una chaqueta de cuero y unos pantalones negros. Y aunque se le veía muy rudo, no pude evitar imaginármelo montando a caballo en una alta colina y con una brillante armadura. Tenia el cabello castaño oscuro y sus ojos eran del mismo color que el del segundo chico. A parte, también parecía un universitario.
"Muy sexy." vuelvo a pensar y rió por lo bajo.
Como si me hubieran escuchado, los tres voltean la cabeza para mirarme fijamente a los ojos. Aquellas miradas me intimidaron bastante, no pude negarlo. Miro hacia otro lado mientras meto una mano en uno de los bolsillos delantero de mi pantalón y toco un anillo de oro. Lo saco y me lo pongo en mi pulgar izquierdo mientras mi mente comienza a vagar.
Juro que esta escena parece sacada de Crepúsculo o algo así.
Paso una mano por mi cabello mientras me digo a mi misma que ser una lectora empedernida tiene sus ventajas. Tal vez, no tardaré mucho en enamore del señor Sexy y darme cuenta de que es un vampiro. 
Puede darse el caso. Y no duden en que me daría un ataque de risa si lograba encontrarme en una situación así.
—¿Qué pasa?— le pregunto a Elise que me mira de forma extraña.
Ella sacude la cabeza, pero yo se porque me esta mirando asi. Estoy sonriendo y eso es algo que muy pocos logran ver en mi. Sonrío muchas veces, pero cuando estoy sola. Si estoy con alguien me vuelvo toda seria e indiferente.
—Nada. No pasa nada, cielo. — sonríe y coloca sus manos en mis mejillas para besar mi frente.
—Elise...
—No es nada especial. Estaba pensando en todas las cosas que tengo que hacer para decorar la habitación del niño...
-— Si, claro.— La interrumpo. —No pienses que me tragaré esa historia.— ella suelta una carcajada y mira a los nuevos chicos.
—Está bien, cielo. Hablamos el sábado, ¿sí?
—Como quieras.— suelto un poco molesta. Vuelvo el rostro hacia los nuevos y suspiro. No podía parar de pensar en como estará el Internado con estos ricachones.
Me detengo en seco por un momento. Estoy pensando demasiado últimamente. Mejor seria cortar esto inmediatamente.
Camino hacia la puerta principal, lo cual me obligaba a pasar por su lado. Trato con todas mis fuerzas de no mirarlos directamente a los ojos, ¡y valla esfuerzo que realizo! En serio, eso fue algo totalmente trabajoso para mi. De alguna manera sentía que no debía despegar ni un ojo de ellos, pero mi lado racional me convencía de que actuara con indiferencia. Me decía una y otra vez "No es para tanto. Solo son estudiantes nuevos."
Bajo la cabeza para que el cabello tape mi rostro, y mientras tanto apresuro el paso sintiendo tres pares de ojos fijos en mi espalda. En cuanto entro al vestíbulo suspiro del alivio. Pero ese alivio se esfuma rápidamente cuando siete minutos más tarde entraron los nuevos seguidos por los demás alumnos del internado.
La chica le susurra algo a los dos jóvenes y luego desvía la vista hacia la puerta, donde Dacy entraba seguidas de sus "rabitos", Melanie y Tonny.
Las tres sonríen al ver a los estudiantes nuevos y caminan descaradamente hacia ellos. Algo que saben hacer a la perfección.
Juntas son las reinas del horror. Nunca desperdician una oportunidad para aprovecharse de mi y de los demas alumnos del internado. Son capaces de hundir a quien sea que se cruce por su camino y que signifique una amenaza para su reino maldito.
Comparándolas con las chicas bonitas y populares de las películas, a parte de esas características, también poseen la de paralizarte con tan solo una mirada o la de hacerte sentir como una mierda cuando se lo proponen.
Por suerte, ahora conmigo nada de lo que hacen me hiere. Hace un par de años aguante cosas peores que esas. En comparación, sus maldades solo me hacían cosquillas, y gracias a mi actitud "me da igual", "vete a la mierda" o "no te metas conmigo" le hice ver a Dacy y a su grupito de estudiantes populares que nada de lo que me hacina me dañaba.
Y no saben cuan satisfactorio fue sacarme a esa perra y sus secuaces de encima.
La directora Elizabeth entra al vestíbulo y manda a callar a todos los alumnos. Era lo mismo que todos los años. Daba una pequeña charla de bienvenida de cinco minutos y luego nos mandaba a nuestras habitaciones correspondientes. Elizabeth era lo bastante joven como para controlar un internado de adolescentes malcriados. Tenía alrededor de unos 30 a 35 años. Mayormente, la ropa que utilizaba cuando estaba en el internado la hacía ver de mayor edad. Pero cuando la veíamos en la ciudad junto con los grupos que le tocaban día de excursión fuera del territorio Lucton, la ropa que se ponía la hacia ver mas de su edad.
Con las maletas tumbándome ambos brazos, voy hacia la residencia de las chicas y subo hasta el segundo piso. Mi habitación era la número 216 según el papel de re-inscripción. Lentamente camino por los pasillos hasta encontrarla. Abro la puerta y entro cerrándola de golpe detrás de mí.
Observo el dormitorio detalladamente. No se parecía en nada a mi antigua habitación. Esta era un poco mas colorida, más grande y con armario más espacioso. Las camas estaban frente a la puerta en forma vertical y el closet quedaba en la pared derecha de la habitación. Lo único que dividía las camas era la mesita de noche que llevaba una lámpara azul oscuro. A la izquierda había un espacio con dos mesas de estudio y materiales escolares.
Se abre la puerta rápidamente y un estallido de risas cruza por ella.
—Gracias por ayudarme a encontrar la habitación. 
—No es nada. De todos modos, me gustó mucho hablar contigo.— dice una voz familiar. Dacy ¿Quién no la reconocería? —Me gustaría saber quién es tu compañera de habitación.— ella empuja a un lado a la persona (que aún no reconocía) amistosamente para pasar, e inmediatamente se detiene al verme sentada en la cama de la izquierda. —¡Ay, no! Te toco La Rara.— masculla asqueada como si eso fuera algo extremadamente desagradable.
—¿La Rara? ¿Quién...?— la chica de la puerta da la media vuelta y se detiene de repente. Me lanza una mirada de compasión. Ella era la chica nueva, la que vi en las escaleras antes de que mi madre se fuera. —Oh, ¿Ella? No le veo nada de raro. 
—Con el tiempo te darás cuenta.— dice Dacy. Se marcha rápidamente, sin despedirse.
Aguantar menos de un minuto en la misma habitación que yo era una completa tortura para ella, según cuentan.
En ese momento, se hace un silencio muy incómodo en toda la habitación. Me paro de la cama, donde minutos antes me había sentado, y subo mis maletas dispuesta a organizar mi equipaje ignorando a la nueva chica.
La verdad es que tenía pinta de ser una de esas personas superficiales, como por ejemplo Dacy. La miro de reojo varias veces y me doy cuenta de que estaba en lo cierto al fijarme en el montón de cosas extravagantes que tenía en esa maleta.
Saco mis libros y los tiro en la cama diciéndome una y otra vez lo tonta que había sido al subestimar a "la nueva". Ella mira mi cama mientras yo estoy maldiciéndome una y otra vez mentalmente. Toma uno de mis libros y lee la contraportada. Yo observo con mucha cautela cada movimiento que hacían sus ojos. Era algo muy impropio de mí hacer eso, pero no pude evitarlo.
—¿Te gustan estos tipos de literatura?— pregunta girando el libro.
—Em... si.— frunzo el ceño al ver la expresión en su rostro.
Millenium era uno de mis libros favoritos. 
—Yo prefiero la literatura romántica.
—No pregunté.— mascullo con tono brusco quitándole el libro de las manos de mala gana y tirándolo nuevamente a la cama.
—Solo agregaba un comentario.— gira hacia su cama y comienza a desempacar su maleta
Después de aquel momento, no volvimos a dirigirnos la palabra. 


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