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21 noviembre 2013

Escena extra #2: Tangled — Emma Chase

Hola, hola guapuritas.

Sé que me tardé un poquito en publicar otra escena de Tangled, pero han sido unos días muuuy ocupados, y por ocupados me refiero a que he dormido mucho y leído poco. Jajajaja. 

Ya, ya, ya, no las agobio diciendoles de cosas, les dejo la escena. 



-La Luna de Miel ha terminado.


Endorfinas: sustancias químicas en el cerebro que inculcan sentimientos de bienestar y euforia. Ellos son la razón por la que seguimos regresando al gimnasio por esos ejercicios que castigan nuestro cuerpo. Ellas son la razón por la que incluso el hombre más tenso de la Tierra puede quedarse dormido después de un buen polvo. Ellas también son responsables por el pequeño fenómeno comúnmente conocido como El Periodo de la Luna de Miel.



Sabes de lo que estoy hablando. Es el comienzo de la relación, cuando todo es dulzura y luz. Todos están en su mejor comportamiento.


Los hombres no se pedorrean; las mujeres no comen.


O, si no pueden evitarlo, incluso los peores hábitos parecen la cosa más adorable desde Punky maldita Brewster. Su pequeño lindo ronquido, la encantadora manera en la que se muerde las uñas.


Los humanos no son los únicos que atraviesan El Periodo de la Luna de Miel. Es una experiencia entre especies. De hecho, sin ella, los tiburones dejarían de existir. Vean, los tiburones son depredadores naturales. Ellos se comerían todo, incluyendo a sus propios hijos.


Sin embargo, después de dar a luz, el cerebro de la madre tiburón está inundado con endorfinas, poniéndola en un estado de coma en éxtasis. Esto le da al bebé tiburón cerca de 10 minutos para escapar nadando.


¿Porque si está alrededor cuando Mami despierte? Será el almuerzo.


Lo que nos lleva a la otra característica de El Periodo de la Luna de Miel:

Eventualmente, termina.




***


—Oye, ¿Kate?


Es sábado en la tarde. Matthew y Steven están en la casa. Estamos en la sala, viendo el juego.

—¡Kate!
Y necesitamos cerveza.


Claro, ella está trabajando en la oficina, pero los Yankess están jugando. Y soy un chico nacido y criado en New York. Lo que significa que solo hay dos equipos: los Yankees y quien sea que esté jugando con los Medias Rojas de Boston.


—¡KAAATE!


Ella aparece en la entrada del cuarto, brazos doblados, cadera ladeada. Está usando un vestido veraniego corto, con un sexy patrón floral y botones en el frente para removerlo fácilmente. Adoro al creador de los vestidos veraniegos.


Su voz es molesta. —¿Qué pasa, Drew?


Le lanzo una sonrisa. —Oye, nena, ¿podrías agarrar algunas cervezas del refrigerador?


Los animales son no—verbales. Una chica perra no puede decirle a un chico perro: “Jódeme ahora, quiero tener a tus cachorritos”. Así que en lugar de eso, pasea su trasero enfrente de él. Ahora, ¿si el chico perro entiende mal la señal? ¿Si salta a su trasero antes de que ella lo pasee enfrente de él?


Puede que tal vez le muerda sus bolas.


Las mujeres son muy parecidas a las hembras caninas —o perras, si quieres la correcta terminología— y Dios ayude al hombre que no entienda las señales que dan.


Llegaremos a eso después.


Como ahora, cuando Kate alza una ceja hacia a mí, sé que está buscando una explicación. Señalo la televisión. —Jeter está punto de romper el mejor record de bateo de todos los tiempos.


Ella suspira. Pacificada. —Está bien. —Luego se encamina hacia la cocina.


Unos minutos después, regresa con sus brazos llenos de botellas de cervezas. Le entrega una a Matthew. —Gracias, Kate.


Y una a Steven. —Gracias.


Y una a mí. Bebe un sorbo. Y hago una mueca. —Ah, esto parece pipí tibio. —Le devuelvo la cerveza.


—Solo las saqué del refrigerador.


Con mis ojos aún en la pantalla, muevo mi muñeca, mandándola de nuevo a la cocina. —Tienes que tomarlas de la parte de atrás del refrigerador. Ahí es donde están las más frías… Ve, apura—A-rod! Saca tu cabeza de tu trasero y concéntrate en el juego.


Y deberíamos pausar por un momento.


¿Recuerdan esos perros de los que estaba hablando? ¿Las señales? Mientras estaba viendo la TV, me perdí algunas. Mira:


Steven está sonriendo, casi carcajeándose. Después de todos los castigos que ha recibido de mi hermana a través de los años, ha desarrollado una sádica satisfacción cuando les sucede a otros.


Luego esta Matthew, solo Dios sabe qué clase de enfermas y depravadas sanciones Delores ha infligido en ese pobre bastardo, porque él solo parece asustado.


Kate, por otro lado, mira mi mano como si fuera una cucaracha. Una que quiere aplastar. Y luego tiene una idea —una maravillosa y horrible idea. Si miras con mucha atención, puedes ver la bombilla encenderse encima de su cabeza. Sonríe y sale del cuarto.


Me perdí de todo esto la primera vez.


Unos minutos más tarde, Kate regresa cargando un cubo para el hielo lleno con cerveza. Nop, no las botellas de cervezas. Solo cerveza. Se para alado del sofá, y yo —aun viendo el juego— alargo mi mano para tomar la bebida. Y ella procede a tomar su cubo y lo tira todo encima de mi maldita cabeza.


¡SPLASH!


Brinco, goteando y ahogándome. —¡Jesucristo!


Ella me pregunta dulcemente—: ¿Eso está lo suficiente frio para ti, cariño?


Limpio mi cara con mi mano y la miro echando fuego por los ojos. —¡¿Estás loca?!


Ella me mira, también echando fuego por los ojos. —No, y tampoco soy una mesera. Aunque esperaría que les mostraras un poco más de respeto.


Matthew se pone de pie. —Voy a ir al Bar McCarthy y ver el partido allí.


Steven agarra su chaqueta. —Iré contigo.


Exprimo mi camisa. —Chicos, hagan que el taxi espere. Enseguida bajo.


Matthew se ríe. Y palmea mi espalda. —Claro que irás, amigo. Adiós, Kate.


—Hasta luego, Kate.


Ella no les contesta. Esta demasiado ocupada tratando de matarme con sus ojos.


Y con eso, Matthew y Steven se escapan.


Mientras Kate y yo nos miramos ceñudos el uno al otro.


Ding-ding.


Sip. Esa es la campana. El primer round comenzó.




***



Comienzo calmado. Cuando el combate es verbal con un adversario, es mejor mantenerse calmado. Escoge tus palabras cuidadosamente. Se inteligente.


Y letal.


—¿De qué se trata esto?


Aparentemente, Kate no comparte mi filosofía.


—¡Tu dime, Drew! Dime por qué demonios Matthew y Steven pueden decir por favor y gracias y todo lo que obtengo de ti es un… —Mueve su muñeca con desdén, imitando mi acción anterior.


Una vez más, me mantengo sereno. Aún goteo, pero estoy sereno.


—¿Así que me estás diciendo que desperdiciaste buena cerveza y arruinaste mi tarde del sábado porque olvidé mis modales?


—¿Por qué no pudiste solo decirlo?


—¿Por qué tu no pudiste decir “Oye, Drew, estaría bien que dijeras gracias”? ¿Era necesario ser una maldita reina del drama?


Dobla sus brazos y se mofa. —No soy una reina del drama.



Alzo mis dedos. —Dos palabras, Kate, “traje Channel”. Te acuerdas, ¿verdad? ¿El que te compré en Saks, después de nuestro folla-fest?


Sus ojos se estrechan. —¿Qué tiene que ver?


Mis cejas se alzan. —¿Qué tiene que ver? Lo incendiaste.


Sip. Ella y Delores le hicieron de vagabundos e incineraron la maldita cosa en el basurero afuera del viejo departamento de Kate.


Ella se encoge de hombre. —¿Y? No significabas nada para mí, y quería asegurarme que todo lo que me diste fuera nada también.


Y eso, chicos y chicas, se llama “probar mi punto”. Sonrió. —Realmente no necesito decir nada más.


Ella rueda sus ojos. —Como sea. No tiré cerveza sobre ti solo porque no dijiste “gracias”. No soy una histérica persistente perra psicótica.


Claro. Y si camina como un pato y habla como un pato… es un caballo.


Ella continúa. —Hay un montón de cosas que me han estado molestando últimamente.


—¿Cómo qué?


Estoy realmente curioso. Hasta donde sé, Kate y yo tenemos una perfecta relación. Y yo, por supuesto, soy el novio perfecto.


—Como que nunca me ayudas a limpiar la cocina. ¡Cada vez que cocinamos, desapareces mientras estoy atorada lavando y secando y desechando!


Mi voz se vuelve un poco fuerte. Defensiva. —Tú eres la que más cocina.
¡Supongo que quieres tener la cocina organizada! No quiero arruinar tu sistema.


Y esto es en parte cierto. Pero si estoy siendo totalmente honesto. Nunca he visto a mi viejo lavar un plato en su vida. Ni siquiera una maldita cuchara. Y Steven, ¿la única vez que trató de ayudar a La Perra a lavar la ropa? Ella se encabronó y gruñó por una semana de como el arruinó sus suaves tejidos delicados, cualquier maldita cosa que sea eso.


—Y nunca te habías quejado de eso antes. Si querías que te ayudara, ¿por qué no solo lo pediste?


Su voz llega a altos decibeles. —¿Por qué debería de preguntarte? Eres un hombre adulto. ¡Solo deberías saberlo!


Y ahí está, niños. La Famosa Jodida Mentalidad Femenina.


Es un abreviado de: “¿No puedes leer mentes? Estás jodido.


¿Y en cuanto a la compostura de la que estaba orgulloso? Sí, fue a dar un paseo. —Bueno, no lo sabía. ¡Por Dios, no me des suficiente cuerda para ahorcarme y después cortes mis bolas cuando lo hago! Solo debiste decirme.


Kate empuja mi hombro, y mi camisa hace un sonido como si estuviera aplastando algo húmedo.


—Bien. ¿Quieres saber? Te lo diré.


A pesar de que lo acabo de decir, no, no quiero saber. A ningún hombre le gusta ser criticado. A nadie le gusta que le digan que jodió algo. Así que, como muchos hombres que son atacados, me voy a la ofensiva.


—Tampoco es exactamente una alegría vivir contigo.


Eso detiene la diatriba de Kate en su camino. Sus cejas se levantan ligeramente. —¿Qué se supone que significa eso?
¿La verdad? No tengo idea. Tengo dos reacciones a cualquier cosa que Kate haga: me hace sonreír o me la pone dura. Sonrió, está dura, sonrió, está dura, sonrió… está dura. Usualmente ambas suceden al mismo tiempo. ¿Conoces esa canción, Every Thing She Does Is Magic? Es bastante parecido a eso. Nada de lo que ella hace me desanima. Pero no voy a dejarle saber eso. Este es nuestra primera discusión.


Ganar es crucial. Tengo que sentar un precedente.


Entonces, así de genio a como soy, escupo la primera cosa que me viene a la cabeza. —Masticas tus plumas.


—¿Qué?


Demasiado tarde ahora, mejor sigo con esto. —Cuando estamos trabajando en la oficina. Masticas tus plumas. Me distraes. Suena como si una alocada marmota tratara de escaparse y estuviese comiéndose la pared. Chck, chck, chck, chck.


Ella lo piensa por un momento. Y se encoge de hombros. —Bien. Ya no masticaré mi pluma. Pero no estamos hablando sobre mí en este momento. Estamos hablando sobre ti… y… y… de cómo eres irrespetuoso conmigo.


Espera. Retrocede. Soy una persona extremadamente respetuosa. Siempre. Incluso con mis házmelo-una-vez-y-nunca-me-hables-de-nuevo chicas fui un maldito caballero.


—¿De qué estás hablando? ¿Cómo he sido irrespetuoso contigo?


Su tono es cortante. Acusador. —Ni una vez has cambiado el papel higiénico del baño.


Ella está bromeando, ¿verdad? En serio. Dime que está jodiendo conmigo.


—¿Y exactamente como el hecho de que no cambio el papel higiénico del baño es irrespetuoso?


Su cara se pone blanca. Como si estuviera sorprendida de que no entendiera la locura que está diciendo.


—Bueno, ¿Quién crees que va a cambiarlo?


—Uhhh… ¿Yo no?


Ella extiende sus brazos, como si acabara de decir las palabras mágicas.


—Exacto.


Pellizco mi nariz. Tal vez si impido el flujo de sangre a mi cerebro me desmaye.


Ella continúa. —Tú ni siquiera piensas en eso. Solo asumes “Oh, Kate lo hará. No tiene nada mejor que hacer…”


Subo mi mano, cortándola. —No, no, yo no pienso eso. Si necesito papel higiénico y está ahí, lo uso. Si no, improviso.


Su cara se arruga. —Bueno, eso es asqueroso.


Así que así es como se siente estar atrapado en arenas movedizas. Pateas y luchas, pero solo te hundes más.


—¿Sabes qué? Bien, de acuerdo. Tienes razón. Cambiaré el papel higiénico a partir de ahora. Problema resuelto.


Pero aparentemente, no está resuelto.


Ella dobla sus brazos. —No quiero tener la razón, Drew. No quiero que cambies el papel higiénico del baño solo porque te estoy gritando. Quiero que quieras cambiar el papel higiénico.


De acuerdo, ahora comienzo a reírme. Simplemente no puedo evitarlo.


—¿Por qué chingados alguien querría cambiar el papel higiénico del baño?


Ella luce ofendida. Bastante ofendida. —Por mí. ¡Por mí, Drew! Sabes, me gusta hacer cosas por ti porque te amo. Pero solo si lo aprecias. Cuando se convierte en algo… que esperas que haga, me siento degradada. Y hace que ya no quiera hacer cosas por ti.


Sus labios se están moviendo. Sé que está tratando de decirme algo.


¿Qué es? No tengo idea.


—Ni siquiera sé lo que eso significa.


Ella me señala con su dedo. Y lo mueve de arriba abajo. —Sí, si sabes lo que significa. Solo estas tratando de no ver mi punto a propósito para volverme loca.


No, de verdad no. ¿Porque a juzga por esta conversación? Ella ya está loca.


Y luego se me ocurre algo. —¿Estas en tus días?


Su boca se abre. Y quizá quieras retroceder un poco, porque creo que su cabeza tal vez explote.


Agarra el objeto que está más cerca de ella —una foto de nosotros vacacionando hace dos meses— y me la lanza a la cabeza. Como si fuera un frisbee. Por suerte, tiene mala puntería. ¿El estante detrás de mí? No tuvo suerte.


Destruido.


—¿Por qué es que cada vez que una mujer se enoja con razón, el hombre siempre culpa al PMS?


Por favor. He estado en el extremo receptor de la psicosis inducida por los síntomas premenstruales de Alexandra a menudo como para reconocer las señales.


—Oh, no lo sé… ¿podría ser porque usualmente esa es la razón?


Ahí es cuando Kate comienza a golpearme.


Con ambos puños.


Como un niño de preescolar yendo a la lona por sus crayones favoritos.


—¡Eres… tan… idiota!


En algún momento entre el segundo y el quinto golpe, mi pene se asoma de donde ha estado escondida desde el baño de cerveza para reevaluar la situación. Para ver si de alguna manera puede voltear estas lamentable situación en algo… un poco más de su agrado.


Él piensa que hay una manera. Así que agarro las muñecas de Kate y la empujo contra la pared, sosteniendo sus manos sobre su cabeza.


Restringida, la hace ver tan bien.


Su barbilla está arriba, y sus ojos echando fuego. —¡No me gustas para nada en este momento!


Sonrío. —Me doy cuenta.


Se retuerce y jalonea pero no puede liberarse. Como un hermoso y exótico gato atrapado en una red.


—Eres un pito insensible.


Me inclino, presionando las partes bajas de nuestros cuerpos juntas. —Me ofende que digas eso. Pasa que mi pito es extremadamente sensible. ¿Quieres ver?



Kate se da cuenta de lo que viene a continuación y abre su boca para protestar. Lo cual funciona para mí. Me abalanzo y cubro sus labios con los míos. Trata de apartar su cabeza, pero agarro su barbilla y la sostengo en su lugar. Lo que le permite tener una mano libre y la entierra en mi cabello.


Antes de que jale con todas sus malditas fuerzas. Levanto mi boca de la suya. —Peleonera. Aprecio que quieras hacer las cosas más interesantes, pero realmente no es necesario.


Y luego, estoy en su cuello, mordisqueando y chupando, haciendo mi camino hacia su escote. Kate golpea mi hombro, pero lo hace sin ganas. Lo que significa que estoy ganando.


—Sigo enojada contigo.


—Estoy seguro que sí.


Descanso mi nariz sobre su piel, inhalando profundamente. Luego tomo un pezón —sobre su vestido— en mi boca y lo mamo con fuerza.


Veras, los pechos de Kate son como botones de encendido. No importa que tan cansada o enojada esté, un poco de atención a esos chicos malos cambia las cosas muy rápido.


Su cabeza se estrella contra la pared. Y ella gime, sosteniendo mi cabeza en donde está.


Y se ha prendido.


Agarro su rodilla y la posiciono alrededor de mi cintura, alineándonos, y me oprimo contra ella. Y a pesar de mi ropa empapada, puedo sentir lo caliente que esta.


Encendida.


—Eres un bastardo.


Me rio. —Ya has dicho eso.


La beso de nuevo. Nuestras lenguas enredándose en su propia batalla sensual. Luego, deslizo mi mano entre nosotros, dentro de sus panties. Esta mojada y suave. Como terciopelo húmedo. Cuando empujo dos dedos dentro de ella, su voz cambia. Es entrecortada y con gemidos, no se escucha rastro de enojo y coraje.


—Dios… Drew…


Y luego me está empujando contra ella y besándome con todo lo que tiene. Diciéndome sin palabras lo que he sabido desde hace tiempo: estar cachonda y enojada es una combinación fabulosa.


Bajo mis shorts y arrastro hacia arriba sus piernas para que estén a mi alrededor. Presionándola contra la pared.


Pero justo cuando estoy a punto de deslizarme a mi hogar, Kate pone su palma contra mi frente y la empuja.


—Espera… no… espera…


¿Qué? ¿Esperar? Odio esperar.


—¿Qué?


A pesar de que está jadeando, sus ojos son redondos y oscuros con… preocupación.


—Tenemos que hablar de estas cosas. No podemos cubrir todos nuestros problemas con sexo. Tengo algunos puntos validos aquí, y si esto va a funcionar, tenemos que resolver esto.


Presiono mi frente en la de ella. Pensando. O de cualquier manera, tratando de pensar.


Con mi polla tan cerca de Mecca, es difícil recordar mi propio nombre en este momento.


Y luego todo llega claramente. Miro a Kate a la cara. —Así que, en pocas palabras, ¿quieres que deje de ser un idiota?


Ella estudia mis palabras. Luego asiente.


—Sí. Más o menos.


Yo también asiento. —Entendido. Eso es todo lo que tenías que decir, nena.


Y luego esos labios que tanto amo se rompen en una fóllame-contra-la-pared sonrisa. —Muy bien, entonces. —Raspa mi labio inferior con sus dientes antes de moverse a mi mandíbula y mordisquear mi cuello.


Luego susurra. —Te vas a perder el juego.


Hago trizas su ropa interior y quito de mi camino lo que queda de su vestido. —Que se joda el juego. —Para eso nos dio Dios el DVR, ¿no?


Se ríe con malicia. Y me mira fijamente a los ojos. —Prefiero que me jodas a mí.


¿He mencionado lo mucho que adoro a esta mujer?


Me inclino hacia atrás lo suficiente para arrancar mi empapada camisa sobre mi cabeza. —Dios, te amo.


Kate se ríe de nuevo. En su mejor imitación de Han Solo, me dice—: Lo sé.


***


Muy bien, señoritas, ¿que hemos aprendido de este ejemplo? Mantenlo simple. Se abierta, pero no nos molestes con detalles. Solo nos va a confundir.


Eres un idiota.


Eres un holgazán.


Deja de ser de esa manera.


Todo lo anterior debe funcionar bien.


¿En cuánto a Kate y yo? Tuvimos nuestra primera viviendo-en-pecado pelea. Algo histórico. ¡Arriba nosotros! En general, creo que resultó bastante bien. De hecho, si todas nuestras peleas terminan así. No voy a quejarme para nada.


No. espera. Retiro lo dicho.


¿Si todas nuestras peleas terminan así?


Planeo quejarme como el infierno de todo.



Traducido por HdlL :)
Fanny

1 comentario:

  1. Hola!
    Me puse a leerlo y tengo que admitir que no paré de reír Jajajajaja Ya lo voy a leer!
    Me encontré con tu blog y tengo que decir que me encanta, así que me quedo para seguirte.
    Te espero en el mío.
    Besos!
    Be Yourself

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