#Tell me One Thing, Elena Fuentes Moreno.

7:00 a.m.


Hello hadas! Hello!

Ya estamos otra vez con esta sección que se a convertido en una de las favoritas del blog....rápidamente....

Esta vez, nuestra invitada es (redoble de tambores...):

  Elena Fuentes Moreno, autora de : Barridos por el salitre, los círculos del alma, Las hijas de BANU y su mas reciente novela: El legado de Ava (de la que ya hay reseña!)....y que es una las finalistas de Amazon indie. Ella nos trae un Relato Inedito!!! que no ha sido publicado en ninguna otra parte!!!

en ninguna!

asi que ....Disfrutenlo!



EL MURO
ELENA FUNTES MORENO

Lupe miró el cielo despejado y se sintió reconfortada. Haría un día estupendo. Eso la animó. Había elegido aquel día para despedirse de todos con una gran merienda, para sus hijos y sus nietos. No quería irse entre llantos y caras largas, su vida había sido plena y feliz. Quería celebrarlo.


Pulsó el botón de la flecha superior y su cama se alzó incorporándola. Desde esa posición podía ver el agua del pantano. No pudo evitar sonreír.

Una mata rubia de pelo asomó por la puerta y la chica que la portaba le dedicó una cariñosa mirada. Era la enfermera que le tomaba la temperatura y la tensión arterial todas las mañanas.

—Buenos días Lupe, hoy es el gran día —saludó mientras le acomodaba la almohada.

—Sí, estoy deseando ver a todos mis nietos.

— ¿Cuantos eran?, ¿Seis?

—Sí, mi hija mayor, Guadalupe, tiene tres; Antonio, uno; y mi pequeña, Gabriela, dos.

—Es usted muy afortunada por tener una familia tan grande que la quiera tanto.

—Son lo mejor que he hecho en mi vida. Mi marido solía decir en vida, que eran los frutos rebosantes de nuestro desbordante amor.

—Qué bonito, su marido tuvo que ser alguien especial.

Lupe sintió cómo su corazón se estremecía al recordar a Tom. Sus huesos y sus músculos rara vez respondían ya a las órdenes de su cerebro, ningún estímulo parecía hacerla reaccionar, pero el recuerdo de Tom todavía lograba sobrecogerla.

—Tom… —suspiró evocándolo—. El amor lo salvó.

—¿Cómo se conocieron?

—Fue antes del muro…

La enfermera le tomó la mano delicadamente y se sentó junto a ella. Podía sentir cómo los recuerdos acudían a la memoria de la anciana.

La mente de Lupe retrocedió setenta años en una milésima de segundo, hasta situarse en aquel mismo pueblo, cuando se encontraba en medio de una escarpada colina, donde difícilmente crecía algo en su yerma tierra.

A los dieciocho años, Lupe había encontrado trabajo en el restaurante del pueblo, que albergaba el valle. Los dueños necesitaban a alguien que se encargará de las tareas de limpieza. Pero rápidamente reconocieron las excelentes aptitudes culinarias de Lupe y fue ascendida a cocinera.

Los tamales y las quesadillas de Lupe pronto adquirieron una relevante fama y la gente se desplazaba desde todas partes hasta el restaurante, solo para poder disfrutarlos. Ella empleaba la receta de su madre y era consciente de lo profundamente orgullosa que estaba ésta del éxito de su hija.

Cada mañana, recorría en un desvencijado autobús los quince kilómetros que la separaban del restaurante. Su pueblo carecía de oportunidades, casi todos los habitantes trabajaban en el valle, donde las cosechas crecían y había una floreciente industria. Ella aprovechaba el trayecto para pensar en nuevas formas para mejorar sus platos. Adoraba su trabajo, la hacía tremendamente feliz observar cómo la gente devoraba sus platos con evidente regocijo y comenzaba a ser reconocida por sus habilidades gastronómicas.

Su cocina tan solo estaba separada del resto del restaurante por un pequeño murete. Desde allí, podía ver el trasiego de clientes que iban y venían continuamente y también observar discretamente a aquellos que elegían la barra para comer.

Hubo un día en el que Lupe comenzó a mirar su reloj insistentemente, cada vez que pasaban las once y media. Este acto se convirtió en costumbre a partir de aquel día. A las doce siempre aparecía él. Cuando aquel chico abría la puerta del local, el ruido y el jaleo que lo caracterizaban se esfumaban para Lupe. Podía percibir como su estómago se encogía y sus mejillas adquirían un tono rosáceo. Aquel muchacho de ojos claros y tez pálida, provocaba con su simple presencia que perdiera el control y fuera incapaz, incluso, de respirar con tranquilidad.

Tom siempre elegía el mismo taburete, se colocaba frente a la cocina y estudiaba la carta con detenimiento, como si fuese un libro sagrado de cuyas palabras dependiese el resto de su vida. Tras unos instantes, pedía su comida. No solía repetir. Lupe se había dado cuenta de que el muchacho pedía algo diferente cada día, lo que la inquietaba. Cuando el pedido llegaba a sus manos, para Lupe el resto del mundo dejaba de existir y ponía sus cinco sentidos en la elaboración de la receta, esforzándose sobremanera para que el plato saliera perfecto. La llenaba de frustración el hecho de que el muchacho al día siguiente no repitiese, aquello era síntoma de que no había sido de su agrado.

Un día sus miradas se cruzaron y ella notó como toda la sangre de su torrente sanguíneo se agolpaba en su cabeza. Él le sonrió, pero ella no pudo corresponderle y bajó la mirada azorada. Sentía como si el muchacho la estuviera poniendo a prueba.

Cuando regresaba a casa, hablaba con sus hermanas sobre aquel chico y ellas solían burlarse. Le decían que seguramente todo estaba en su cabeza. Su madre en cambio, la consolaba y animaba a que un día se atreviera a hablar con él.

Así transcurrió el invierno, Lupe esperaba pacientemente a que llegaran las doce y el muchacho aparecía puntualmente para degustar sus platos, hasta que comenzó la primavera y un día el chico no apareció para ocupar su taburete.

Una honda preocupación comenzó a calar en el corazón de Lupe, pues si le había ocurrido algo al joven, ella no tendría manera de saberlo. Pasó el resto de la jornada dándole vueltas a la cabeza e imaginando mil y un desastres que podían haberse cruzado en la vida del chico. Cuando terminó su turno, recogió sus cosas y se dispuso a encaminarse hacia la parada del autobús.

Al bajar las escaleras de la entrada principal, se dio cuenta de que el muchacho la observaba, mientras se acercaba hacia ella. No tenía escapatoria posible, él le iba a hablar y podía sentir como sus piernas se volvían trémulas y toda la calle se tornaba borrosa de repente.

—Hola, me llamo Tom. ¿Te importa si te acompaño?—saludó el chico solícito.

Lupe era incapaz de hablar, pero logró que su cabeza asintiera a modo de respuesta. Los dos enfilaron la calle en silencio, buscando acuciantemente algo interesante que decir, que no acudía a sus mentes, con sus corazones anegados por la esperanza de estar compartiendo un momento con la persona que ocupaba todos sus pensamientos.

Al llegar a la parada, el autobús aguardaba impaciente, pero Lupe se tomó un instante para sonreír a Tom y mirarlo fijamente a los ojos. Desde ese instante, los dos supieron que se habían enamorado irremisiblemente para siempre.

La primavera trajo consigo el buen tiempo y una mágica luz que envolvía por completo el mundo de Lupe. Era inmensamente feliz, ella amaba a Tom y él también la amaba. Todos los días acudía puntual a su cita en el restaurante y por las noches quedaban para tomar algo, pasear por el río o ir al cine. Su amor crecía exponencialmente a cada momento que compartían, lo que provocaba que muchas veces tuviesen miedo de que el corazón se les fuera a salir del pecho de pura felicidad… 

Hasta que un día, el autobús de Lupe no pudo llegar a su destino.

El próspero pueblo del valle se había embarcado en la construcción de un muro que lo separase para siempre de la población instalada en la ladera de la escarpada montaña. La carretera había sido cortada por la monstruosa edificación y nadie podía viajar al otro lado.

Lupe miraba desolada con desesperación a todas partes, pero nadie alcanzaba a darle una explicación. Llamó a Tom y le contó lo que había ocurrido.

—No lo comprendo Tom.

—Tienen miedo.

—¿Miedo de mí?, ¿Pero qué puedo hacerles yo?

Tom se esforzaba por controlar la ira y la rabia que crecían en su su estómago. Por nada del mundo quería que Lupe sufriera.

—Encontraré la manera, te prometo que estaremos juntos —repuso el muchacho sin poder ocultar cierto deje de angustia en su tono.

Lupe, al igual que su pueblo, comenzó a sumirse en la desesperación. El futuro, que tan solo unos días antes se le había antojado diáfano y prometedor, se había trasformado en una amarga pesadilla de la que no encontraba forma de despertar.

Unos días después, Lupe recibió una carta de Tom, en ella adjuntaba un mapa con el punto exacto donde podían encontrarse aquella noche. Las obras del muro se habían ralentizado en la zona oeste del valle. La muchacha no se lo pensó dos veces y se dispuso rauda a obedecer todas las indicaciones de su amor.

El abrazo en el que se fundieron hubiera tenido la energía suficiente como para devastar una ciudad entera. Se cubrieron de besos en el mismo segundo en el que se tuvieron al alcance. Tom había logrado vadear el río grande y saltar el muro, que en un tramo cercano todavía no era más que una asequible tapia, pero su corazón se envolvía de desazón cuando recordaba que era cuestión de tiempo que la faraónica obra fuera concluida.

—Mañana volveré y será para siempre —susurró Tom con determinación.

—En mi pueblo no hay futuro, no puedes renunciar a tu vida por mí —le replicó Lupe compungida.

—Mi vida y mi hogar estarán donde tú estés, juntos construiremos nuestro futuro.

Tom regresó a su casa para despedirse de su familia y recoger sus pertenencias imprescindibles. La idea de una vida junto a Lupe lo llenaba de dicha y esperanza, pero estaba desolado por tener que abandonar su hogar.

Cuando anocheció, salió de su casa mientras las primeras gotas de lluvia comenzaban a caer. Había sido un día extraño, en el aire podía respirarse la electricidad que aguardaba agazapada en las nubes que tejían una enorme capa gris sobre todo el valle. Tom hizo el camino apresuradamente a pesar de ir con la mochila cargada, se avecinaba una gran tormenta y no quería que Lupe lo esperara mojándose.

Cuando la vio al pie de las rocas donde debían encontrarse, Tom supo que no se había equivocado. No sería fácil, pero al menos ya nadie lograría separarlos. El primer rayo descargó su furia cuando en el preciso instante en el que se asieron las manos. Un instante después, en las entrañas de todos los habitantes del valle reverberó un trueno ensordecedor. El agua comenzó a correr como si el cielo fuera el nacimiento de una cascada. Vertiginosamente, el río comenzó a aumentar su caudal, hasta que finalmente desbordó su cauce.

Lupe y Tom lograron ponerse a salvo a tiempo. El muro los protegió conteniendo el agua, pero el valle entero quedo sepultado para siempre bajo el agua que aún caía inmisericorde sobre sus cabezas.

—Antes del embalse allí abajo había un pueblo, ¿verdad? —preguntó la enfermera sacando a Lupe abruptamente de sus recuerdos.

—Sí.

—Debía de ser bonito… Aunque claro, ahora este pueblo es una maravilla con tanta agua alrededor. ¡Menuda vida tiene con tantos turistas! Usted debe saberlo bien, porque invaden todos los días su restaurante… Estoy deseando que vengan sus hijos esta tarde y traigan esos fabulosos tamales que hacen allí… ¿Porque traerán tamales, no?

—Claro, traerán todos los platos de la carta. Mi marido siempre decía que todos estaban tan deliciosos que le era imposible decidirse solo por uno.

Lupe suspiró una vez más al recordar las palabras de Tom. Pronto volverían a estar juntos.




Que les parecio?

A que quieren mas! Lo se!!!

Y muchas gracias a la autora por participar en esta sección y esperamos que vuelva pronto!

Elena Fuentes MorenoSobre la autora:

   Elena Fuentes nació en 1978 en Albacete, donde reside en la actualidad con sus dos hijos y su marido.         

Desde su infancia mostró su inclinación y habilidad para inventar y narrar historias. Apasionada de la lectura, su fascinación por personajes con personalidades fuertes como Heathcliff o Catherine Earshaw, protagonistas de Cumbres Borrascosas, o los que pueblan el universo literario de Patricia Highsmith, le llevó a interesarse por el estudio de la psique humana.

Licenciada en Psicología por la Universidad de Murcia en 2002, ha profundizado en el ámbito de la salud mental, realizando diferentes máster y cursos de postgrado, y en el campo de la inteligencia emocional, siguiendo con especial atención las tesis y estudios de Daniel Goleman y Rafael Bisquerra, cuyos planteamientos se filtran en sus novelas y confieren a sus personajes una profundidad psicológica y matices en sus comportamientos que facilitan la empatía y la identificación del lector.

Ha publicado: “Barridos por el salitre” y “Los círculos del alma”, "Las hijas de BANU" Y "El legado de Ava" conel que concursa en el premio literario de Amazon 2017.

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8 comentarios

  1. Ohh Dios me ha encantadoo!!!! Muchas gracias Anna por está maravillosa entrada y sobre todo por invitar a Elena, que se ha convertido en una de mis autoras favoritas desde que leí Los círculos del alma. Recomiendo mucho todos sus libro y este relato también me ha encantado. Graciasss.

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  2. Wow!! Gracias a la escritora por regalarnos está preciosa lectura!! Me encantó!! Chicas.. gracias por esta entrada y por invitar a esta maravillosa escritora al blog..

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  3. Muchas gracias por invitarme, ha sido un honor

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  4. Cómo me ha gustado este relato!!! Descubrí a Elena con "Barridos por el salitre" y puedo decir que "Círculos del alma" y "El legado de Ava" son unas historias maravillosas. Gracias por dejarnos este relato como primicia.

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  5. Me ha encantado este relato, la verdad es que nunca he leído nada de esta autora pero me ha gustado mucho su forma de escribir! Gracias por esta genial entrad :)
    Saludos, nos leemos !
    https://particulasdemagia.wordpress.com/

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