Xiomara Batista se siente ignorada e
incapaz de ocultarse en Harlem. Desde que su cuerpo se volvió curvilíneo,
aprendió a dejar que sus puños y su rudeza hablaran por ella. Pero X tiene
mucho para decir, por eso descarga su frustración en las páginas de un cuaderno
y recita las palabras para sí misma como si fueran plegarias, especialmente
después de verse invadida por fuertes sentimientos hacia un chico de la clase
de Biología. Ante la determinación de «mami» de forzarla a obedecer las leyes
de la iglesia, X comprende que es mejor guardarse sus pensamientos. Cuando la
invitan a unirse al club de poesía slam de su escuela, sabe que no podrá
hacerlo y mucho menos decir sus palabras en voz alta, a no ser que logre evadir
las reglas de mami. Pero aun así no puede dejar de pensar en interpretar sus
poemas frente a un público. En alzar su voz. Porque, a pesar de que el mundo no
quiera escucharla, Xiomara se niega a permanecer en silencio.
Una de las cosas más difíciles de reseñar es la poesía. O al menos para mí.
Una novela te da una historia llena de personajes, contexto,
drama y tramas que hace tener una opinión.
La poesía no mucho.
La poesía es ver una cirugía a corazón abierto.


